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Solo Show
Marco Montiel-Soto
Wohnlabor Project Gallery Space
Issue #77 Jun - Aug 2010

Elisa Rodriguez Campo

El Wohnlabor Project Gallery Space en Berlín, Alemania, presentó del 12 de septiembre al 10 de octubre 2009 el proyecto Viaje a dedo sin destino urbano del venezolano Marco Montiel-Soto, muestra multidisciplinar en la que fotografía, instalación y paisajes sonoros son acertadamente fusionados, invitándonos a reconstruir los recuerdos dispersos en la memoria del artista.

Marco Montiel-Soto emprende una peculiar travesía por Europa en 2002, comenzando un día de verano parisino, terminando el fin de año en Barcelona. Este camino adquiere connotaciones exponenciales cuando es narrado desde sus recuerdos como un testimonio versionado.
La muestra traza un sendero abierto con múltiples direcciones, y es el visitante quien libremente recorrerá la sala, escuchando de manera intermitente el relato de esta experiencia de viaje. Cinco paisajes sonoros han sido diseminados, alternándose con souvenirs tan anecdóticos como densos, todo lo cual representa la puesta en escena del recuerdo.

Una oportunidad de adentrarnos en los recovecos más insospechados de su memoria y escuchar su voz en off repetir una y otra vez las frases recordadas que construyen una historia, pequeños relatos que narran cómo es llevado circunstancialmente de una persona a otra, con la voluntad de continuar adelante el ritmo de su recorrido.

Viaje a dedo sin destino urbano debe ser entendido desde su performatividad, pues no obedece a un proyecto rígido y no está diseñado de acuerdo a un guión preconcebido, a diferencia del performance. Las rutas aleatorias que va tomando este viaje trazan una cartografía libre que se abre paso como un delta, no sólo sobre el territorio que cubre este recorrido, sino que permiten establecer una suerte de mapa de la memoria, cuyos caminos son tanto más impredecibles en la vulnerabilidad del recuerdo.

Esta propuesta marca un itinerario de viaje en tiempo presente y su dirección depende únicamente de una brújula, cuya flecha es su dedo que gira arbitrariamente. No se trata de una bitácora; la idea es mucho más densa desde el momento que la anarquía sobre el territorio que sortea es llevada al intrincado itinerario del recuerdo a posteriori.

Viaje a dedo sin destino urbano transcurre en un tiempo elástico, que se tensa con algún vago recuerdo y se estrecha con un souvenir, con una postal, algún correo con anécdotas, un amuleto. Recuerdos que se solapan unos sobre otros, territorios de perímetro tan difuso que sería imposible delimitar la frontera entre la verdad y la versión del recuerdo robustecida en el tiempo: ¿Are you thinking I´m just construct another memory and I don´t remember¿ (bis) recita una y otra vez. Esta confusa sensación lo lleva muchas veces a no estar seguro de si tomó una foto, se la imagina o la recuerda. ¿Cuántas veces no volvió a la estación central en Ámsterdam para luego volver a partir?

Frío, amistad, soledad, protección, confusión, ilusión, pasión y alucinaciones en el ir y venir de sus recuerdos, a veces más lúcidos, otras veces menos fieles, en todo caso un recorrido que sólo puede construirse desde su memoria.

Viaje a dedo sin destino urbano se adapta a la noción más contemporánea de arte, caracterizada por la importancia que determina el rol del viajero y su consecuente metáfora de movilidad.

Esta propuesta nos acerca a una lectura multidisciplinar de los fragmentos hallados en dos territorios infinitamente fértiles: el viaje y el borrascoso territorio de esta travesía recordada, anécdotas escritas con tinta soluble en los muros de su memoria.

Marco Montiel-Soto es un ejemplar radicante, metáfora acuñada por Nicolás Bourriaud que personifica al nómada, inmigrante, flâneur o turista. Así como las plantas radicantes echan raíces superficiales y abarcan rápida y superficialmente un territorio, Viaje a dedo sin destino urbano puede ser emprendido nuevamente por cualquiera que visite esta muestra para acompañar, a su manera, al artista.

Si bien existen una línea dibujada, un sujeto y un proceso de subjetivación, Marco Montiel-Soto crea el relato a medida que recuerda y describe su propia trayectoria. La capacidad que tiene para amoldarse a circunstancias inesperadas condiciona de súbito la dirección de su ¿destino¿. La voluntad de apertura al cambio, la toma de decisiones inmediatas y la necesidad que lo hace desprenderse de su singularidad para entrar en conflicto con el otro caracterizan este viaje.

Las más recientes tendencias artísticas insisten en reconocer el territorio de una manera diferente. Explorar un mundo prácticamente registrado al milímetro por satélites, tecnología, GPS y demás gadgets resulta contradictorio en un primer momento. No obstante, son estas ricas experiencias anecdóticas y expediciones las que precisamente proveen de verdaderos motivos la creatividad de una propuesta artística. Este deambular por el territorio es lo que precisamente enriquece, inspira y suscita innumerables razones en el arte contemporáneo.

Marco Montiel-Soto nos invita a participar junto a él del viaje que reinterpreta en su recuerdo, siendo este doble viaje una forma de arte en sí misma.


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